"De modo que, volviendo a mi padre, eso es lo que pasba por una delas dos jóvenes cabezas a las que habló en la sala de billar de Grafton House en 1912. Recuerdo que confesó haberse iniciado a una edad temprana en la práctica con respecto a la cual le parecía conveninete aconsejar con moderación, y luego aprovechó la oportunidad para añadir -con lo cual se desahogó y a la vez proveyó para el futuro además de para el presente- que en materia de sexo no había cosa que no hubiera hecho, experiencia que no hubiera tenido ni lío en el que no se hubiera metido y del que no hubiera salido, de modo que si alguna vez teníamos necesidad de ayuda o consejo no nos debía dar ninguna vergüenza acudir a él y podíamos siempre contar con su comprensión y solidaridad. De que sus palabras fueron magníficas y amistosas no me di cuenta hasta que fui mayor; el hecho de que nunca las tuviera en cuneta es precisamente la razón de este libro ; incluso en aquel momento mi hermano pensó que el viejo se había portado muy bien; pero a mí, por el contrario, aquello me turbó y escandalizó". lunes, 25 de abril de 2011
MI PADRE Y YO - J.R. ACKERLEY
"De modo que, volviendo a mi padre, eso es lo que pasba por una delas dos jóvenes cabezas a las que habló en la sala de billar de Grafton House en 1912. Recuerdo que confesó haberse iniciado a una edad temprana en la práctica con respecto a la cual le parecía conveninete aconsejar con moderación, y luego aprovechó la oportunidad para añadir -con lo cual se desahogó y a la vez proveyó para el futuro además de para el presente- que en materia de sexo no había cosa que no hubiera hecho, experiencia que no hubiera tenido ni lío en el que no se hubiera metido y del que no hubiera salido, de modo que si alguna vez teníamos necesidad de ayuda o consejo no nos debía dar ninguna vergüenza acudir a él y podíamos siempre contar con su comprensión y solidaridad. De que sus palabras fueron magníficas y amistosas no me di cuenta hasta que fui mayor; el hecho de que nunca las tuviera en cuneta es precisamente la razón de este libro ; incluso en aquel momento mi hermano pensó que el viejo se había portado muy bien; pero a mí, por el contrario, aquello me turbó y escandalizó". LAS GRANDES FAMILIAS - MAURICE DRUON
"Hacia dos años que había terminado la Gran Guerra. París había resurgido, deslumbrante, en medio de la tierra. Tal vez nunca había sido más fácil el movimiento de los negocios y de las ideas que en ese final del año 1920; jamás el dinero, el lujo, la obra de arte, el libro, el plato raro, el vino, la palabra, el adorno, la quimera se habían difundido con tal profusión. Los doctrinarios del mundo entero gritaban la verdad y la paradoja en los cafés de la rive gauche, y rodeados de ociosos inspirados, de estetas, de revolucionarios permanentes, de sublevados temporares, celebraban cada noche la más grande, la más asombrosa feria de la inteligencia que se haya visto en la historia del mundo. Ministros y diplomáticos de todos los estados, de todos los reinos, se codeaban en las floridas recepciones del barrio del bois. La Sociedad de Naciones, recién creada, había elegidocomo sede de su primera asamblea el salón del Reloj, en el Quai d'Orsay, y desde allí le había asegrudado a la humanidad una era de dicha".
"No, nadie confiesa jamás su terror a la muerte, y esa discreción no es, como suele afirmarse, dignidad; es osbre todo cuidado de no ahuyentar la ayuda de otro. El niño que se da cuenta del instante en que va a apagarse la luz persuade a su madre de que está esperando un beso por ternura; el soldado que canta a voz en grito en la portezuela del vagón una canción picaresca ahoga la angustia que ruge en él sin parar, como un sirena estropeada; la mujer que se ovilla contra la tibieza del amante y la pareja anciana que sigue manteniendo un lecho común llaman amor a su espanto. Nadie, nadie confiesa, por miedo a que su confesión lo aísle como a un apestado, porque la madre, el amante, el capitán, tamibén tienen miedo. todo, las civilizaciones, las ciudades, los sentimientos, las artes, las leyes y los ejércitos, todo es hijo del miedo y de su forma suprema, total: el miedo a la muerte"
lunes, 4 de abril de 2011
UNA CADENA DE ROSAS - JEFFREY MOORE
Jeremy Davenant, experto en las obras apócrifas de Shakesperare, está completamente entregado al amor que le ha marcado el destino: Milena, belleza morena de rasgos hindúes, salvaje, desconcertante e inaprensible, que representa el modelo shakesperiano de la "Dama Oscura". Jeremy, ingenuo, vital y apasionado, está convencido de que su relación ha sido predestinada por la Página, una hoja arrancada al azar de una enciclopedia y que ha convertido en su talismán, un instrumento de suma importancia que ha de guiar sus pasos. Una obstinación que durará hasta que la fuerza de lo real le gane el pulso.
sábado, 12 de febrero de 2011
ROMANTICISMO VIAJERO
Cuando conseguí este libro sólo buscaba lecturas que me siguiesen conectando con lo exótico y lo oriental, que es mi natural tendencia personal. En mi opinión sólo se necesita una sóla taza de té o café. Es una obra llamativa como todas las que publica Ediciones del Viento . Auna el romanticismo con la curiosidad. En la foto el autor es de un parecido irremediable a Tolstoi (casi me quedo de piedra) aunque en la obra te puedes imaginar algo más ... Es como la radio, la voz no es la imagen.
BIOGRAFÍA.- Wenceslau José de Sousa de Moraes nació en Lisboa, el 30 de mayo de 1854 y muere en Tokushima (Japón ) el 1 de julio de 1929. Oficial de Marina portuguesa, prestó servicio en Mozambique, Macau, Timor y Japón. En 1881 es destinado a Mozambique donde tiene amores con una belleza negra llamada Arrusi, amores que sus superiores no admiten y lo envían a Timor. De allí a Macao, entonces colonia portuguesa en China. En 1888 conoce a Atchan, a la que compra legalmente (era lo que se hacía), se casa con ella y tienen dos hijos. Sobre China escribe algunos libros, pero cuando en misión oficial con el gobernador de Macao, visita el Japón (1887), se queda fascinado. Regresa en numerosas ocasiones, hasta que finalmente abandona a su familia china y se instala definitivamente en Osaka, de donde consigue que lo nombren Cónsul y se casa con Yone Fukumoto, una joven «geisha» con quien vive felizmente durante doce años en Kobe. El viajero romántico se nutre de un descontento crítico que le lleva a abrazar culturas y formas de vida ajenas con toda la energía de la que es capaz. Sin embargo, este estado feliz se rompe en el año 1912 con dos acontecimientos: el primero, la llegada de la República a Portugal, lo que hace que las probabilidades de una destitución de su cargo sean muy altas; el segundo y más dramático, la muerte de su mujer Yone Fukumoto. El mes de junio de ese mismo año, Moraes dimite como cónsul y pide su baja como miembro de la Marina portuguesa.
En 1913, viudo y sin dinero, Moraes se va de Kobe a Tokushima, en el nordeste de Shikoku. En Tokushima vive la hermana de su mujer muerta, y ella es quien le invita a pagar los respetos a la tumba de Yone. No se va solo. Se lleva con él a Koharu, una sobrina de Yone que había vivido en Kobe con el matrimonio.
En Tokushima, Moraes se instala en una pequeña casa, situada junto a los templos locales y allí visita innumerables veces la tumba de su mujer muerta. Consagra su vida a ese recuerdo y al amor de Koharu. Prueba de ello es su libro O Yone e Koharu, un homenaje los dos amores de su vida, un libro maravilloso, triste, nostálgico y esperanzador a la vez. En su prólogo Moraes lo dedica a “… aquellos que fueron tocados por el mal de la tristeza, que viven del sueño y de la nostalgia, y sólo a aquellos, es ofrecido este libro insignificante…”
En 1916, Koharu muere de tuberculosis. Desde entonces, Moraes, se refugia en su soledad, en la contemplación de la vida provincial de Tokushima -lo que reflejó en su libro “O Bon-Odori em Tokushima”. Relance da alma Japonesa, representa un intento por desenterrar algo de lo que había visto, y sus opiniones en cuanto al futuro de Japón se debaten entre un amargo escepticismo y cierto atisbo de esperanza.
El 1 de julio de 1929 Moraes muere a consecuencia de una caída. Sus cenizas están enterradas en un pequeño jardín junto al templo Choon-ji en Tokushima. Su último libro, Relance da alma Japonesa, representa un intento por desenterrar algo de lo que había visto, y sus opiniones en cuanto al futuro de Japón se debaten entre un amargo escepticismo y cierto atisbo de esperanza. El 1 de julio de 1929 Moraes muere a consecuencia de una caída. Sus cenizas están enterradas en un pequeño jardín junto al templo Choon-ji en Tokushima.
Se puede considerar a Moraes como uno de los últimos viajeros románticos del XIX: son aquellos que viajan desde los lugares que han alcanzado el nivel suficiente, esto es el mundo industrializado y opulento, a otros mundos que le ofrecen, o así cree él, lo que ha ya desaparecido en el suyo, casi diríamos que se trata de un místico en busca del paraíso perdido, buscando algo mejor y más puro que lo que le rodea, viaja movido por el descontento no por un afán de aventura.
GENJI (I)
Las excusas de siempre, pensó Rokujo, pero le escribió:
Ahora me toca a mí deshacer el camino del amor
con las mangas húmedas,
y marchar más allá,
hacia los campos embarrados ...
¡Lástima que tu pozo tenga tan poca agua!
Tenía la mejor caligrafía que Genji había visto nunca. El joven se debatía en una red de sentimientos encontrados. ¿A cuál de las damas que había amado le faltaba alguna gracia que la hiciese interesante y deseable? Por otra parte, ¿cuál de ellas merecía todo su amor y que se lo negara a las demás? Aunque era ya muy tarde, compuso una respuesta:
Tú sólo te mojas
en aguas superficiales,
mientras que a mí
me traga el marjal.
sábado, 5 de febrero de 2011
NO DORMIR NUNCA MÁS (II)
"-Con este gravímetro -me explica Oftedahl-, el gran Heiskanen llevó a cabo su investigación fundamental sobre la elevación del Escudo Escandinavo.¿El gran Heiskanen! Sin duda conocerá usted ese nombre ¿no? ¡Ay!, hoy en día sólo se habla de geofísica. Gravimetría, sismología, medión del campo magnético terrestre. En una palabra: ¿El futuro es la geofísica! En realidad la geología se está convirtiendo rápidamente en una ciencia anticuada. Igual que hay lenguas muertas, pronto habrá ciencias muertas. ¡Ay!, ¿sabe usted?, una vez descubiertos los principios básicos, ya no quedó nada nuevo por descubrir. La ciencia se convirtió en ciencia aplicada, una cantidad coherente de trucos para averiguar, o mejor dicho: adivinar, qué aspecto tiene el subsuelo que no podemos ver. Pero con los nuevos métodos geofísicos hemos desarrollado una especie de radar que nos permite mirar a través de las capas terrestres. Entonces, ¿por qué seguir yendo de expedición con una tienda de campaña y un partillo, un mapa y un bloc de notas? Fue divertido en su momento, pero deja de serlo cuando se sabe que se está perdiendo tiel tiempo, cuando se sabe que existen métodos mucho mejores. En realidad, lo que hace el geólogo clásico es llevar la contabilidad del campo. ¿En comparación con el geofísico actual, es tan moderno como un contable que usa pluma en lugar de un ordenardor! Si no fuera por la geofísica, las reservas de petróleo y gasa natural se habrían agotado hace tiempo. O, sin ir más lejos, ¡piense en la revolución que han provocado las fotos aéreas en el conocimiento de la teirra! En una foto aérea se ve todo cien veces mejor, se ve cien veces más que observando el suelo desde cerca, entre los arbustos y hundido hasta las rodillas en el pantano."
miércoles, 2 de febrero de 2011
NO DORMIRÉ NUNCA MÁS (I)
"-¡Un privilegio, sin duda! La geología es una ciencia estrechamente vinculada a las condiciones geográficas. Para obtener resultados sorprendentes e impactantes, es preciso practicar la geología en zonas donde todavía queda algo por encontrar. Pero ahí radica la gran dificultad. Conozco a muchos geólogos que buscaron en lugares donde nadie había buscado antes, sencillamente porque todo el mundo sabía que no había nada que encontrar ... Y ellos tampoco encontraron nada.
-¿Puedo confesarle un secreto? -prosigue-. El verdadero geólogo nunca olvida que desciende del buscador de oro. Puede que se burle usted al oírme decir esto, pero soy viejo y eso me da derecho al romanticismo.
-No, no, le comprendo muy bien.
-Vaya, vaya. Así que me comprende usted. Pero siendo holandés, eso debe dolerle un poco. Un país tan pequeño, densamente poblado desde hace siglos y con un nivel científico que se encuentra entre los más altos del mundo. Me imagino que allí los geólogos acaban pisándose los dedos de los pies, y que más de una vez sentirán la tentación de hacer pasar un dedo arrancado por un colmillo de oso de las cavernas.
-Nuestro país es sin duda pequeño, pero su suelo es muy variado.
-Eso es lo que creen ustedes porque en cada metro cuadrado hay un geólogo con un microscopio. Pero aun así, no hay montañas. ¡Tampoco hay mesetas ni glacires ni cascdas! Ciénagas, lodo y barro, ¡eso es todo lo que hay! En su país acabarán contando uno por uno los granos de arena que tienen. Y yo a seo no lo llamo geología. Lo llamo contabilidad, estrechez de miras. Verfallene Wissenschaft, eso es para mí: ciencia venida a menos.
Mi risa es espontánea y cortés.
-¡Venga ya, profesor! También han encontrado carbón, sal, petróleo y gas natural.
-Pero las grandes incógnitas, señor mío. ¿Las grandes incógnitas! ¿De dónde viene nuestro planeta? ¿Cuál es su futuro? ¿Nos dirigimos hacia una nueva era glacial o acabarán creciendo dátiles en el Polo Sur? Esos interrogantes que otorgan a la cinecia su grandeza, que son en sí mismos la verdadera misión de la ciencia."
domingo, 30 de enero de 2011
LA MECÁNICA DEL CORAZÓN
"Crucé media Europa para encontrarte. No fue fácil. Extrañaba a Madeleine, Arthur, Anna y Luna, y aún les extraño, de hecho .. Pero quería volver a verte, era mi mayor sueño. Sé que Joe ha vuelto para quitármelo. Hará todo lo que pueda para apartarte de mí. Ya ha empezado, ¿acaso no lo ves?
-¿En serio crees que yo podría volver con él?
-No eres tú lo que me hace dudar, sino su facultad de mermar la confianza que intentamos establecer paso a paso. Ya no te reconozco desde que llegó. Me ha quitado el puesto en el tren fantasma, duerme en nuestra cama, el único lugar en el que estábamos al abrigo del mundo exterior. A la que me doy la vuelta, te cuenta porquerías sobre mi pasado ... Tengo la impresión de que me han desposeído del todo.
-Pero tú ...
-Escúchame. Un día me miró a los ojos y me previno: "Voy a romperte ese corazón de madera en la cabeza, lo romperé con tanta fuerza que ya no serás capaz de amar". Sabe donde apuntar.
-Tú también, al parecer.
-¿Por qué crees que te ha contado la historia del ojo destrozado a su manera?
Ella encoge sus hombros de pájaro triste.
-Joe conoce tu honradez. Sabe cómo prender las mechas de tus cabellos, las que están conectadas con tu corazón de granada. Pero sabe también que bajo tu aspecto de bomba eres frágil. Y que dejando que la duda anide, puedes estallar. ¡Joe intenta debilitarnos para poder recuperarte! ¡Si al menos te dieras cuenta, podrías ayudarme a impedírselo!
Ella se vuelve hacia mí, levantando lentamente las sombrillas de sus párpados. Dos grandes lágrimas caen rodando por su magnífico rostro. Tiene ese extraño poder de ser igual de magnética en el sufrimiento que en la alegría.
-TE QUIERO.
-YO TAMBIÉN TE QUIERO."
sábado, 29 de enero de 2011
AVENTURAS EN ORIENTE DE MIKAEL KARVAJALKA - MILKA WALTARI
"El sultán de los otomanos, representante de Alá, gobernante de los gobernantes, comendador de los creyentes y los no creyentes, emperador de Oriente y Occidente, sha de los shas, gran kan de los kanes, puerta de la victoria, refugio de todos los pueblos y sombra del Eterno - en resumen, el sutlán Solimán, el hijo de una esclava- tenía por aquel tiempo treinta y cuatro años de edad. Sentado, con las piernas cruzadas sobre los cojines de su bajo trono, dejaba sin aliento verle en el resplandor fantástico de su atavío, más rico y fulgurante que el de un ídolo, bajo un dosel constelado de rubíes. Una cascada de perlas gigantes colgaba de las borlas. Una cimitarra damasquinada y de empuñadura sembrada de brillantes estaba a su alcance, y tocaba la cabeza con el turbane de los sultanes, rodeado con una triple tiara de diamantes; su vestido relampagueaba con míriadas de piedras preciosas, y debía ser más pesado de portar que cadenas de hierro. A cada momento, a cada respiración, centelleaba con los colores del arco iris. Sin embargo, yo estaba más interesado en el hombre que se ocultaba entre trantas manifestaciones de gloria".
LA TÍA MAME
"Una vez en el cavernoso salón de tía Mame, que recordaba mucho al decorado club nocturno de Vírgenes modernas, nos alivió mucho ver que estaba lleno de gente con pinta de hombres y mujeres normales. Bueno, tal vez no exactamente de hombres y mujeres normales, pero al menos no había malvados orientales, a excepción de mi tía Mame, que había dejado de ser española y había empezado a ser japonesa"
"Al pensar en lo alocada y deslumbrante que era mi tia Mame en 1929, veo que debió de asustarse de tener que educar a un niño de diez años totalmente desconocido tanto como yo al entrar por primera vez, temeroso y boquiabierto, en el esplendor oriental de su apartamento de Beekman Place. Pero mi tía Mame no era de las que se rinden fácilmente. Mi tía tenía un espíritu animoso de una exploradora de garitos clandestinos. Y , aunque sus ideas sobre la educación infantil tal vez pudieran considerarse un poco heterodoxas, el sistema exclusivo de mi tía Mame funcionó bastante bien a su despreocupada manera".
"Pasé aquel primer verano en Nueva York trotanto detrás de la tía Mame con mi cuaderno de vocabulario, teniendo breves "conversaciones matutinas" todas las tardes, y siendo visto pero no oído en sus tés literarios, tertulias de salón y cócteles.
Ellos también empleaban un montón de palabras nuevas y, al final del verano, había adquirido mucho vocabulario. Todavía conservo algunas de las hojas llenas de extrañas informaciones espigadas en las soirées de la tía Mame. Una fechada el 14 de julio de 1929 incluye términos tan diversos como : día de la Bastilla, lesbiana, Club Hotsy-Totsy, guerra de bandas, el Ello, daiquiri -aunque no la escribí bien- relatividad, amor libre, complejo de Edipo, móvil, curda ... a partir de ahí mi ortografía se vuelve delirante: narcisista, Biarritz, psiconeurótico, Shoenberg y ninfómana. La tía Mame me explicó todas las palabras que pensó que debía conocer y luego me hizo incluirlas en frases que yo practicaba con Ito, mientras él hacía sus arreglos florales japoneses y se reía."
miércoles, 5 de enero de 2011
Bajo el sol jaguar (III)
"En una palabra, todo ha sido previsto para evitarte cualquier desplazamiento. Si te movieras no tendrías nada que ganar, y todo que perder. Si te levantas, si te alejas aunque sólo sea unos pocos pasos, si piertedes de vista el trono aunque sólo sea un instante ¿quien te garantiza que cuando vuelvas no te encontrarás a otro sentado en él? Tal vez alguien que se te parece, igualito, idéntico. ¡Y vete a desmostrar que el rey eres tú y no él! Un rey se distingue por el hecho de que está sentado en el trono, de que tiene la corona y el cetro. Ahora que estos atributos son tuyos, es mejor que no te separes de ellos ni un minuto.
Está el problema de desentumecerte las piernas, de evitar el hormigueo, la rigidez de las articulaciones: es cierto, es un grave incoveniente. Pero siempre puedes dar un puntapié, levantar las rodillas, acuclillarte en el trono, sentarse a la turca, naturalmente por breves períodos, cuando las cuestiones de estado lo permiten. Todas las noches vienen los encargados de lavarte los pies y te quitan las botas durante un cuarto de hora; por la mañana los del servicio desodorante te frotan las axilas con motas de algodón perfumado.
Se ha previsto también la eventualidad de que te asalten deseos carnales. Damas de la corte, oportunamente escogidas y adiestradas, desde las más robustas hasta las más delgadas, están a tu disposición, por turno, para subir los peldaños del trono y ellas de frente o de espaldas o de costado, son diversas, y puedes despacharlas en unos instantes o, si las tareas del Reino te dejan bastante tiempo libre, puedes demorarte más, digamos hasta tres cuartos de hora; en este caso es una buena norma correr las cortinas del baldaquino, sustrayendo la intimidad del rey a las miradas extrañas, mientras los músicos entonan el camino de ronda con pisadas de suelas claveteadas, un golpeteo de melodías acariciadoras."
Bajo el sol jaguar
Italo Calvino
Bajo el sol jaguar (II)
"Al oir esas palabras sentí de nuevo la necesidad de mirarle los dientes, como ya me había ocurrido durante el trayecto en jeep. Pero en aquel momento se asomó a sus labios la lengua húmeda de saliva, y en seguida se retrajo, como si estuviera saboreando algo mentalmente. Comprendí que Olivia ya estaba imaginando el menú de la cena.
Ese menú -como nos lo ofrecieron en un restaurante que encontramos entre unas casas bajas de verjas sinuosas- sempezó con una bebida roja en un vaso de vidrio soplado a mano: sopa de camarones, extremandamente picante debido a un tipo de chiles que hasta entonces no habíamos probado, tal vez los famos chiles jalapeños. Después cabrito asado, sorprendente en cada bocado porque los dientes encontraban unas veces un fragmento crujiente otras algo que se deshacía en la boca.
"¿No comes?", me preguntó Olivia que parecía concentrada en gustar su plato y en cambio estaba como de costumbre atentísima, mientras que yo me había quedado absorto mirándola.
Lo que estaba imaginando era la sensación de sus dientes en mi carne, y sentía que su lengua me levantaba contra la bóveda del paladar, me envolvía en saliva para empujarme después bajo la punta de los caninos. Estaba sentado allí delante de ella pero al mismo tiempo me parecía que una parte de mí, o yo entero, estaba contenido en su boca, era triturado, desgarrado fibra por fibra. Situación que no era completamente pasiva por cuanto mientras Olivia me masticaba yo sentía que actuaba en ella, le transmitía sensaciones que se propagaban desde las papilas de la boca por todo su cuerpo, que era yo quien provocaba cada una de sus vibraciones: era una relación recíproca y completa que nos implicaba y arrastraba."
Bajo el sol jaguar
Italo Calvino
martes, 4 de enero de 2011
Bajo el sol jaguar (I)
"Justamente eso era lo que yo pedía de la precisa experiencia de Madame Odile: poner un nombre a una conmoción del olfato que no lograba ni olvidar ni retener en la memoria sin que se destiñera lentamente. Tenía que darme prisa: también los perfumes de la memoria se evaporan: cada nuevo aroma que me hacían oler, a la par que se me imponía como algo diferente, irreductiblemente alejado del otro, con su prepotente presencia hacía más vago el recuerdo del perfume ausente, lo reducía a una sombra. " No, más agudo ... quiero decir ... más fresco... no, más desnso..." En ese ir y venir por la escala de los olores me perdía, era incapaz de discernir ya en qué dirección debía seguir mi recuerdo, sólo sabía que en un punto de la gama se abría un vacío, un pliegue oculto donde anidaba el perfume que era para mí toda una mujer."
Bajo el sol jaguar
Italo Calvino
sábado, 1 de enero de 2011
84, CHARING CROSS ROAD

30 septiembre 1968
¿Seguimos todos vivos?
Me he pasado cuatro o cinco años escribiendo libros de historia de América para niños. Estoy completamente metida en materia y he comprado montones de libros de historia americana -en feas ediciones americanas en rústica-, pero no creía que en las viejas masiones señoriales de Inglaterra podrían encontrarse hermosas ediciones inglesas del acta taquigráfica de James Madison de la Convención Constitucional, de las cartas de T. Jefferson a J. Adams y otras cosas por el estilo.
¿Te han hecho abuelo ya? Diles a Sheila y a Mary que sus hijos tendrán derecho a solicitar de obsequio de mi Colección de obras para jóvenes. Eso debería darles prisa para reproducirse.
Hace poco, un domingo lluvioso, le hablé a una joven amiga mía de Orgullo y Prejuicio, lo leyó y se ha entusiasmado con Jane Austen. Cumple años para la fiesta de Halloween ... ¿podrías encontrarse algo de la Austen para ella? Si tuvieras una colección completa, dime cuánto vale; si es cara, haré que el marido le regale la mitad de los libros, y yo le regalaré la otra mitad.
Dales recuerdos de mi parte a Nora y a todos los de ahí.
Helene
lunes, 27 de diciembre de 2010
PLUSCUAMPERFECTO DE FUTURO
Seré un huésped del tiempo, un invitado
que aspira a estar contento y al cuidado
de las horas, hasta lograr que el tiempo
sea por fin mi líquido elemnto,
y no un andén desierto en que aguardar
trenes de paso hacia ningún lugar,
cansado, el pensamiento, de sentir,
y de pensar, cansado el sentimiento.
Carlos Marzal
que aspira a estar contento y al cuidado
de las horas, hasta lograr que el tiempo
sea por fin mi líquido elemnto,
y no un andén desierto en que aguardar
trenes de paso hacia ningún lugar,
cansado, el pensamiento, de sentir,
y de pensar, cansado el sentimiento.
Carlos Marzal
La seda amarilla que él no elabora
¿podrá recorrerla?
Sus espirales sólo pueden desear
una concentración cremosa.
Su surco es su creación:
un poco de agua grabada.
En cualquier tiempo de su muerte
puede estar caminado,
como la seda que puede formar un mar
y envolver el gusano amarillo.
Así con sus ojos aplastados,
flechador de un recuerdo amarillo,
está trazando círculos de arena
al fulgor de la pirámide desvaída.
El deseo se muestra y ondula,
pero la mano tiene hojas de nieve.
José Lezama Lima
¿podrá recorrerla?
Sus espirales sólo pueden desear
una concentración cremosa.
Su surco es su creación:
un poco de agua grabada.
En cualquier tiempo de su muerte
puede estar caminado,
como la seda que puede formar un mar
y envolver el gusano amarillo.
Así con sus ojos aplastados,
flechador de un recuerdo amarillo,
está trazando círculos de arena
al fulgor de la pirámide desvaída.
El deseo se muestra y ondula,
pero la mano tiene hojas de nieve.
José Lezama Lima
UN APETITO
Un apetito que se queda
en el desmesuramiento de la boca.
Un apetito en el sueño,
del tamaño de todo el cuerpo.
Un apetito que espera la lluvia
y el paso de las hormigas.
La boca infinitamente abierta
y una minúscula medida,
siguiendo la marcha por el desierto
en el sorprendido caracol.
Dos dedos, como dos pinzas,
ponen el caracol sobre la corteza de un árbol.
Allí incrustamos el viejo marfil
de la pulpa de la piña.
El caracol y el humor de la piña
empiezan a mezclarse con la sangre del arbol.
El caracol inundado por el líquido amarillo,
ya está ladeando su baba.
La esponaja, sin cansancio aparente,
hunde sus dedos en el amarillo lamprea
y lo resbala por la piedra del caracol.
La copa del árbol
se reduce a la noche del caracol.
Se incrusta también en el árbol
una hormiga dorada.
José Lezama Lima
en el desmesuramiento de la boca.
Un apetito en el sueño,
del tamaño de todo el cuerpo.
Un apetito que espera la lluvia
y el paso de las hormigas.
La boca infinitamente abierta
y una minúscula medida,
siguiendo la marcha por el desierto
en el sorprendido caracol.
Dos dedos, como dos pinzas,
ponen el caracol sobre la corteza de un árbol.
Allí incrustamos el viejo marfil
de la pulpa de la piña.
El caracol y el humor de la piña
empiezan a mezclarse con la sangre del arbol.
El caracol inundado por el líquido amarillo,
ya está ladeando su baba.
La esponaja, sin cansancio aparente,
hunde sus dedos en el amarillo lamprea
y lo resbala por la piedra del caracol.
La copa del árbol
se reduce a la noche del caracol.
Se incrusta también en el árbol
una hormiga dorada.
José Lezama Lima
domingo, 26 de diciembre de 2010
PARA QUE TU ME OIGAS
Para que tú me oigas,
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú me oigas como, quiero que me oigas.
.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejos súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú me oigas como, quiero que me oigas.
.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejos súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas
SOY ANIMAL DE FONDO
"En el fondo del aire" (dije) "estoy"
(dije), "soy animal de fondo de aire" (sobre tierra),
ahora sobre mar; posado, como el aire, por un sol
que es carbón allá arriba, mi fuera, y me ilumina
con su carbón el ámbito segundo destinado.
Pero tú, dios, también estás en este fondo
y a esta luz vez, venida de otro astro;
tú estaás y eres
lo grande y lo pequeño que yo soy,
de una proporción que es esta mía,
infinito hacia un fondo
que es el pozo sagrado de mí mismo.
Y en este pozo estabas antes tú
con la flor, con la golondrina, el toro
y el agua; con la aurora
en un llegar carmín de vida renovada;
con el poniente, en un huir de oro de gloria.
En este pozo diario estabas tú conmigo,
conmigo niño, joven, mayor, y yo me ahogaba
sin saberte, me ahogaba sin pensar en tí.
Este pozo que era, solo y nada más ni menos, que el centro de
la tierra y de su vida.
Y tú eras el pozo mágico el destino
de todos los detinos de la sensualidad hermosa
que sabe que el gozar en plenitud
de conciencia amadora,
es la virtud mayor que nos trasciende.
Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú,
para hacerme sentir que yo era tú,
para hacerme gozar que tú eras yo,
para hacerme gritar que yo era yo
en el fondo de aire en donde estoy,
donde soy animal de fondo de aire
con alas que no vuelan en el aire,
que vuelan en la luz de la conciencia
mayor que todo el sueño
de eternidades e infinitos
que están después, sin más que ahora yo, del aire.
Juan Ramón Jiménez
"Soy animal de fondo"
TALES OF OLD JAPAN
"Fuimos invitados - siete representantes extranjeros- a acompañar a los testigos japoneses al hondo o sala principal del templo, donde iba a ser efectuada la ceremonia- Era un escenario imponente. Un gran salón de elevado techo sostenido por oscuros pilares de madera. Del cielo raso colgaba una gran variedad de enormes lámparas de oropel y ornamentos peculiares de los templos budistas. Frente al altar elevado, y sobre el piso, cubierto con bellas esteras blancas, y a una altura de ocho o diez centímentros del suelo, estaba tendida una alfombra de fieltro escarlata. Largas velas colocadas a intervalos regulares proyectaban una luz difusa y misteriosa estrictamente suficiente para permitir que fuesen vistos los procedimientos. Siete japoneses tomaron sus sitios a la izquierda del piso en alto, y siete extranjeros a la derecha. Eran los únicos.
"Después de un intervalo de unos cuantos minutos de intensa expectación, Taki Zenzaburo, hornbre fornido de treinta y dos años de edad, entró al salón. con un aire de nobleza, ataviado en traje de ceremonia, con las peculiares alas de tela de cáñamo usadas para las grandes ocasiones. Estaba acompañado por un kaishaku y tres oficiales, quienes vestían el jimbaori, o peto de guerra tejido de oro al frente. Hacemos notar que la palabra kaishaku no equivale al término verdugo. El título es el de un caballero; y en muchos casos es un cargo desempeñado por un familiar o amigo del condenado; y la relación entre ellos es más bien el de un principal y un segundo que el de víctima y verdugo. En este caso, el kaishaku era un discípulo de Taki Zenzaburo, y fue seleccionado por su habilidad en esgrima de entre los amigos de este último.
"Después de un intervalo de unos cuantos minutos de intensa expectación, Taki Zenzaburo, hornbre fornido de treinta y dos años de edad, entró al salón. con un aire de nobleza, ataviado en traje de ceremonia, con las peculiares alas de tela de cáñamo usadas para las grandes ocasiones. Estaba acompañado por un kaishaku y tres oficiales, quienes vestían el jimbaori, o peto de guerra tejido de oro al frente. Hacemos notar que la palabra kaishaku no equivale al término verdugo. El título es el de un caballero; y en muchos casos es un cargo desempeñado por un familiar o amigo del condenado; y la relación entre ellos es más bien el de un principal y un segundo que el de víctima y verdugo. En este caso, el kaishaku era un discípulo de Taki Zenzaburo, y fue seleccionado por su habilidad en esgrima de entre los amigos de este último.
"Taki Zenzaburo avanzó lentamente con el kaishaku a su izquierda en dirección a los testigos japoneses; se inclinaron ante ellos y después se aproximaron a nosotros y nos saludaron en la misma forma, aunque quizá con mayor consideración; en cada caso, el saludo fue correspondido ceremoniosamente. El condenado ascendió con lentitud y gran dignidad al piso elevado, se postró dos veces ante el altar en alto y se sentó en la alfombra de fieltro con la espalda hacia el altar, y de rodillas a su izquierda el kaishaku. Entonces avanzó uno de los tres oficiales ayudantes, portando un atril de los empleados en el templo para hacer oblaciones. Sobre el atril estaba la wakizashi, la espada corta o daga de los japoneses de veinticuatro centímetros de longitud, con una punta y un filo tan cortantes como una navaja de afeitar. Postrándose, la entregó al condenado, quien la recibió con reverencia, levantándola hasta su cabeza con ambas manos, y poniéndola frente a él.
"Luego de otra reverencia profunda, Taki Zenzaburo, con una voz que reflejaba gran emoción y vacilación como era de esperarse en un hombre que hacía una dolorosa confesión; pero firme en su cara y su actitud, habló como sigue:
"Yo, y solamente yo, injustificadamente di la orden de disparar contra los extranjeros en Kobe y de nuevo lo hice cuando intentaban escapar. Por este crimen me desentraño y ruego a los presentes me hagáis el honor de presenciar el acto".
"El que habló dejó que sus ropas superiores se deslizaran hasta su faja, inclinándose una vez más, y quedó desnudo hasta la cintura. Con cuidado, según la costumbre, recogió sus mangas bajo sus rodillas para evitar caer hacia atrás; porque un caballero japonés noble debe morir cayendo hacia adelante. Tomó con mano firme y decidida la daga que estaba frente a él; la miró, pensativo, casi con afecto; pareció repasar por un momento sus pensamientos por última vez y luego se acuchilló profundamente abajo de la cintura, del lado izquierdo y llevó la daga con lentitud a su lado derecho y volviéndola hacia la herida, hizo un corte leve hacia arriba. Durante esta operación angustiosamente dolorosa no movió un solo musculo de su cara. Cuando extrajo la daga, se inclinó hacia adelante extendió el cuello y por primera vez cruzó por su cara una expresión de dolor, pero jamás emitio ningún lamento. En ese instante, el kaishaku, que había estado observando con atención cada uno de sus movimientos, de rodillas a su lado, se puso de pie de un salto y en un segundo levantó su sable en el aire; hubo un relámpago, un golpe feo, pesado, y una caída estrepitosa; la cabeza había sido separada del cuerpo de un solo golpe.
"Prosiguió un silencio de muerte, interrumpido sólo zor el horrible ruido de la sangre que salía a borbotones del bulto inerte frente a nosotros, que tan sólo un momento antes había sido un hombre valiente y caballeroso. Fue horrible.
"El kaishaku hizo una inclinación profunda, limpió su sable con una hoja de papel preparada para ese propósito, y se retiró del piso elevado; y la daga manchada de sangre fue retirada solemnemente, como prueba sangrienta de la ejecución.
"Entonces los dos representantes del Mikado abandonaron sus sitios y cruzaron hasta donde estábamos sentados los testigos extranjeros; nos pidió atestiguar que la sentencia de muerte de Taki Zenzaburo había sido cumplida fielmente, salimos del templo terminada la ceremonia".
"Luego de otra reverencia profunda, Taki Zenzaburo, con una voz que reflejaba gran emoción y vacilación como era de esperarse en un hombre que hacía una dolorosa confesión; pero firme en su cara y su actitud, habló como sigue:
"Yo, y solamente yo, injustificadamente di la orden de disparar contra los extranjeros en Kobe y de nuevo lo hice cuando intentaban escapar. Por este crimen me desentraño y ruego a los presentes me hagáis el honor de presenciar el acto".
"El que habló dejó que sus ropas superiores se deslizaran hasta su faja, inclinándose una vez más, y quedó desnudo hasta la cintura. Con cuidado, según la costumbre, recogió sus mangas bajo sus rodillas para evitar caer hacia atrás; porque un caballero japonés noble debe morir cayendo hacia adelante. Tomó con mano firme y decidida la daga que estaba frente a él; la miró, pensativo, casi con afecto; pareció repasar por un momento sus pensamientos por última vez y luego se acuchilló profundamente abajo de la cintura, del lado izquierdo y llevó la daga con lentitud a su lado derecho y volviéndola hacia la herida, hizo un corte leve hacia arriba. Durante esta operación angustiosamente dolorosa no movió un solo musculo de su cara. Cuando extrajo la daga, se inclinó hacia adelante extendió el cuello y por primera vez cruzó por su cara una expresión de dolor, pero jamás emitio ningún lamento. En ese instante, el kaishaku, que había estado observando con atención cada uno de sus movimientos, de rodillas a su lado, se puso de pie de un salto y en un segundo levantó su sable en el aire; hubo un relámpago, un golpe feo, pesado, y una caída estrepitosa; la cabeza había sido separada del cuerpo de un solo golpe.
"Prosiguió un silencio de muerte, interrumpido sólo zor el horrible ruido de la sangre que salía a borbotones del bulto inerte frente a nosotros, que tan sólo un momento antes había sido un hombre valiente y caballeroso. Fue horrible.
"El kaishaku hizo una inclinación profunda, limpió su sable con una hoja de papel preparada para ese propósito, y se retiró del piso elevado; y la daga manchada de sangre fue retirada solemnemente, como prueba sangrienta de la ejecución.
"Entonces los dos representantes del Mikado abandonaron sus sitios y cruzaron hasta donde estábamos sentados los testigos extranjeros; nos pidió atestiguar que la sentencia de muerte de Taki Zenzaburo había sido cumplida fielmente, salimos del templo terminada la ceremonia".
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